SAN JOSÉ

San JoseLlegar a la ancianidad o caer en el lecho de la enfermedad contando con el apoyo de la fraternidad que acompaña, alivia y descansa, es una gracia; sin duda alguna esto es San José.

El lugar en donde se sobrelleva el dolor o el peso de los años, donde se puede gustar y saborear el amor del Señor en los cuidados solícitos y fraternos... el lugar donde se plenifica la vida de servicio y se mantiene encendida la llama de la fidelidad con el aceite de la esperanza. Así es, este es el lugar donde se percibe que la vida hecha don al Señor, se hace oración y entrega definitiva a su voluntad aceptada en disponibilidad, aunque el dolor sea grande.

Es notable el interés de cada Gobierno Provincial por brindar todo lo necesario y preciso para que las Hermanas mayores y enfermas vivan sus últimos días en un ambiente adecuado y disfruten de una comodidad acorde a los propios requerimientos de su salud.

Por ello en 1989, Hermana Inés Marulanda Villegas, hace los contactos para adecuar en la casa una unidad de cuidados especiales para aquellas Hermanas que los necesitan por motivos de su enfermedad; ésta es una manera de cuidar y aliviar el dolor, haciéndolo más soportable. Así se hace presente la cualificación en el servicio de la caridad para quienes ya han aportado lo mejor de sí mismas en la entrega al Señor y a los hermanos a través de su vida y acción apostólica en la Congregación.

La presencia cercana del Gobierno, el estímulo, el apoyo y la asistencia espiritual, hacen más llevadero el dolor y aseguran la esperanza de una vida nueva en el Señor Resucitado... y qué decir de la delicada y solícita atención de las Hermanas enfermeras para prodigar cuidado y atención a sus Hermanas a través de un servicio caritativo, oportuno, alegre y abnegado.

Dado el número de nuestras Hermanas enfermas se ha hecho necesario en estos últimos tiempos, acudir a la asistencia profesional de algunas enfermeras seglares, porque el cuidado de nuestras Hermanas lo precisa y lo merece.

También aquí en San José, se vive en misión apostólica. La actitud de acogida para quienes visitan a las Hermanas, el testimonio de una vida religiosa auténtica, la aceptación paciente del dolor, la oración por todas las Hermanas de la Congregación y la colaboración con la Fundación Francisco y Clara de Asís, llevando la Eucaristía a los enfermos son entre otros, aspectos que nos hablan de la caridad que sirve y contribuye al bien común y a la construcción del Reino en acción misericordiosa.

Es oportuno señalar los invaluables servicios de acompañamiento, asistencia y animación espiritual y pastoral que el Padre Marco Tulio Zuluaga dedicó a la Comunidad y a cada Hermana de San José desde el año 1937 hasta 1997. Cuanta bondad, delicadeza, respeto, actitud de escucha y consejo para fortalecer a las Hermanas en el dolor y en la enfermedad... cuanta profundidad para anunciar la Palabra y repartir el Pan de vida en cada Eucaristía, sacramento de la Reconciliación y en la Unción de los Enfermos como alimento en el camino para el encuentro con el Padre. Toda una vida de ministerio sacerdotal entregada en bien de nuestras Hermanas mayores, merece nuestro recuerdo y gratitud en el gozo de la gloria eterna.

Contemplación, silencio, dolor, prudencia, ascésis, sufrimiento, esperanza, alegría, enfermedad, paz interior, bondad, misericordia, fortaleza... son expresiones que caracterizan la existencia de nuestras Hermanas en esta etapa de la vida, donde se llega a pregustar la plenitud de la otra vida, la eterna que se ansía y espera llegue pronto.