SANTO DOMINGO

Santo DomingoLa realidad de la Provincia con sus estadísticas de edades va señalando cómo nuestras Hermanas son cada vez en mayor número, ancianas, que aparte de merecer todo reconocimiento y respeto por una vida de contemplación y acción al servicio de la Iglesia y de la Congregación, necesitan atención especial para el cuidado integral de sus vidas. Es ésta la razón para que la Provincia dispusiera de una parte de la Casa Provincial que antes fuera Noviciado y Postulantado y más tarde Bachillerato nocturno, para adecuarla convenientemente con Capilla, comedor, gimnasio y buenos cuartos para cada Hermana, además del ascensor, para que una veintena de ellas pudieran vivir dignamente su ancianidad en este lugar.

Desde el primer momento se decidió que su funcionamiento sería completamente aparte de la Casa Provincial, por eso cuentan con Capellanía y atención médica, cocina y todos los servicios que son necesarios para el bienestar de nuestras Hermanas.

Siempre, las casas de Hermanas mayores, han sido para las Superioras Provinciales razón de atención especial, no sólo en el aspecto material sino en la preocupación de darles todo aquello que su estado requiere en animación espiritual. En su gobierno Hermana Inés Marulanda V. y Hermana Pastora Cecilia pusieron toda su creatividad y empeño para dotar y decorar la casa con gusto y generosidad.

El quincuagésimo Capítulo General propuso a toda la Congregación como Meta Apostólica la Solidaridad y la Inculturación, para dar respuestas concretas. Una iniciativa ha sido crear un Fondo de Solidaridad; también es notable el ingenio de las Hermanas de la Comunidad de Santo Domingo para crear a su vez, una pequeña industria de fabricación de bolsas para regalo y otras expresiones que representan un aporte significativo al fondo, logrando cubrir así, las necesidades de muchas personas víctimas de la violencia o simplemente desfavorecidos por la fortuna.

La alegría, el clima de oración, la responsabilidad frente a las múltiples ocupaciones de la casa, son nota predominante en esta Comunidad. La cercanía a la Parroquia de San Miguel les permite participar –según sus fuerzas- en todo lo que en ella se programa y realiza.

La edad no es inconveniente para tener bien en alto el sentido de fiesta y celebración, no hay acontecimiento de la patria que se olvide, ni celebración fraterna que no llegue a considerarse como propia.

Llegar a Santo Domingo es percibir un Nuevo Sainville porque se vive en pertenencia y acogida, en sencillez y pobreza, con serenidad y alegría... El dolor y la enfermedad parecen constituir sólo un peldaño en la gozosa búsqueda de la Casa del Padre. Allí no se envejece, allí se vive con la esperanza de copiar lo más perfectamente posible, como lo hizo Marie Poussepin, la consagración de la Presentación de María en el Templo.