CENTRO CATEQUÍSTICO JUAN PABLO II

Centro Catequistico Juan Pablo IILas Hermanas de la Presentación llegan a Quibdó el 19 de marzo de 1912, después de dos meses de penoso viaje en tren hasta la Dorada, toman un barco que las conduce por el Río Magdalena hasta Calamar y a Cartagena en tren, donde abordan un pequeño buque que las lleva desde la Heroica hasta Quibdó, navegando primero por mar y luego por el Río Atrato.

Originalmente se pensó tener en Quibdó un puesto de misión, pero posteriormente, a instancias del Padre Fernández, Superior de los Padres Claretianos, del Señor Intendente de la región y de algunas familias, se cambia a una obra educativa por la urgencia que presenta la realidad de ignorancia de las jóvenes de la región.

Al poco tiempo de iniciarse la obra se desata una terrible epidemia que cobra muchas víctimas en la población. Las Hermanas sin dejar su ocupación como maestras, se dedican a cuidar los enfermos.

Por mucho tiempo las Hermanas dirigieron la Escuela oficial, finalmente la entregaron al Gobierno, para dedicarse más de lleno al Colegio, fundado en el año de su llegada a esta ciudad y que ya contaba con numerosas alumnas.

En 1970, los grados tercer y cuarto básico, que contaban con muy poco personal se unen al Instituto Femenino Integrado, regido también por las Hermanas de la Presentación. En 1971 se clausuró definitivamente el Colegio, el año anterior, una de las Hermanas se encargó de la Dirección del Bienestar Social de la Policía.

El 27 de enero de 1972 comenzó a funcionar un centro de Pastoral Misionera, en coordinación con los Padres Claretianos y el 29 de junio de 1979, Monseñor Pedro Grau Arola, Vicario Apostólico de Quibdó, erige canónicamente la Comunidad del Centro Catequístico Juan Pablo II, que residiría en el local del mismo Centro. El 19 de febrero de 1980, las hermanas se hacen cargo definitivamente de esta obra.

La salud se comenzó a atender en Quibdó, por las Hermanas de la Presentación desde el 3 de febrero de 1935, pedidas por los Padres Claretianos. El Hospital San Francisco de Asís se inauguró pobre e irregularmente equipado, con servicio de doce camas para hombres y 16 para mujeres y una pieza para dos pensionados. Las Hermanas se preocupan no sólo por la atención a los enfermos, sino que en colaboración con el Capellán del Hospital, se interesan por dar apoyo espiritual a las gentes que llegan allí en busca de salud.

Después de vencer numerosas dificultades, las Hermanas logran que por su mediación se establezca en la Universidad, una Escuela de Enfermería, que otorgue el título de Enfermera General después de tres años de estudio y práctica.

Con el paso de los años el Hospital ha progresado, se amplía los servicios de Medicina Interna, Cirugía, Quirúrgica, Obstetricia y Pediatría. En 1983 se inauguró una nueva planta para el Hospital aunque en condiciones precarias en cuanto a la administración y a las condiciones económicas.

El 27 de diciembre de 1991, se fusionan las Comunidades del Centro de Catequesis y del Hospital San Francisco de Asís, quedando entonces, dos Comunidades locales en la ciudad de Quibdó.

El 17 de agosto de 1990 el Vicariato de Quibdó es erigido como Diócesis; Monseñor Jorge Iván Castaño Rubio continúa al frente de la Iglesia local.

Es notable la solidaridad que viven las Hermanas entre sí, se apoyan, se ayudan y caminan juntas en la extensión del Reino, pero hay situaciones que llaman de manera especial la efectiva participación de todas, como la tragedia de Bagadó que propone un reto al compartir y que obtiene de las Hermanas la más contundente respuesta, no sólo en relación con la Comunidad sino con la población misma que ya en otras ocasiones ha sido duramente golpeada por los desastres naturales.

Hay otros acontecimientos que hacen realidad la solidaridad festiva, el celebrar juntos los grandes acontecimientos pone de relieve también la fraternidad entre quienes reconocen en Marie Poussepin el principio del estilo nuevo que marca la manera de vivir el Evangelio entre las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen, es el acontecimiento cumbre de la Beatificación, el que provoca que unidas con el pueblo canten el Magnificat de acción de gracias por que la Humilde, piadosa y caritativa, llega a los altares para recibir la merecida alabanza de sus hijas y de los destinatarios de la misión.

Como el nombre de la obra lo dice, el centro de la actividad de esta comunidad es la Catequesis, que ya no es simple participación sino que se convierte en verdadero ministerio que integra a todas las personas que quieren integrarse de manera especial en el anuncio de Jesús, para interesarse en su proceso de formación como catequistas que asumen libremente la construcción del Reino.

Cada vez más, se constata la necesidad de formar jóvenes y adultos de las diferentes parroquias con capacidad para asumir este servicio y para tal fin se les prepara en educación ética, cristiana y moral. Es así, como el Centro está consciente de dar respuesta al reto que le impone el momento actual con toda la fuerza de la pos-modernidad y globalización, con las exigencias nuevas que el tercer milenio le pide acoger con inteligencia y responsabilidad frente a la realidad étnica y cultural que vive esta porción de Iglesia.

Tanto la Pastoral de la Educación como la de la Salud, buscan dar respuestas adecuadas a las necesidades de la región y a las exigencias que impone el Gobierno central con las radicales y cambiantes leyes que no permiten una verdadera experimentación con los recursos, que a veces son demasiado escasos para cumplir con los requerimientos de un lado, de los destinatarios de la misión y por otro, de las autoridades encargadas de velar por la buena aplicación de dichas leyes.

En el campo de la salud, las políticas nacionales relativas a la contratación de servicios, dificultan la misión de la comunidad, que sin embargo sigue luchando por acompañar y ayudar a las personas, reconociendo su dignidad y mejorando sus condiciones de vida. Esto justifica el que las Hermanas sigan asumiendo con seriedad esta dimensión tan importante del Carisma e incursionando en nuevos campos, para tratar de dar respuestas actualizadas al hombre que lesionado en su integridad acude a la Comunidad para ser atendido como en realidad merece por su condición humana y cristiana.

En esta porción de Reino que recibe con largueza el querer de Marie Poussepin a través de cada una de las Hermanas, quienes, enviadas a este lugar convierten en realidad el “Hagan todo lo que la caridad pueda inspirarles”.