SAN BERNARDO

San BernardoA partir del 21 de noviembre de 1968, esta casa no cesa de brindar acogida, apoyo y cuidado a un número cada vez más grande de Hermanas que ya por el paso de los años, o por el peso de la enfermedad, llegan para culminar su misión y a reponerse de los rigores de la enfermedad.

Siempre solícitos los gobiernos provinciales se han preocupado por brindar a las Hermanas los mejores cuidados, dotando esta casa con elementos adecuados a las necesidades de cada una de ellas. Así en 1984, se construye un pabellón de tres pisos que incluye la Capilla, el comedor, cocina y lavandería; es una edificación amplia y aireada que hace posible que los objetivos de la casa se cumplan, pues busca brindar bienestar a las Hermanas que se restablecen de sus quebrantos de salud o que ya han dejado un aspecto fuerte de su actividad misionera y vienen a residir definitivamente en esta comunidad. Desde 1990 es la tercera casa para Hermanas mayores en la Provincia.

La colaboración en trabajo útiles y terapéuticos hace posible la renovación de la proyección misionera de esta comunidad en visitas domiciliarias de acompañamiento a enfermos crónicos o a núcleos familiares que las precisan. Llevar la Eucaristía a los enfermos es una misión que se asume con alegría.

Atender el dispensario, es una responsabilidad que les hace sentir la importancia de su presencia misionera orientada a la promoción y alfabetización especialmente de la mujer.

La preparación a la iniciación cristiana es un elemento que desarrollan nuestras Hermanas a pesar de su edad y los quebrantos de salud, con eficiencia y entrega. Confeccionan también ropa que soluciona la carencia de algunos pobres no sólo de la ciudad; preparan además, material quirúrgico que cubre la demanda de algunos centros clínicos.

Es además notable, la animación espiritual que tienen nuestras Hermanas y la alegría y pertenencia que expresan frente a la Iglesia y a la Congregación.

Desde 1989, la Comunidad abre sus puertas a postulantes y novicias que vienen a realizar sus experiencias apostólicas y de paso descubrir en cada Hermana el testimonio de una vida entregada en servicio al Señor a cambio de nada, sin esperar recompensas en la tierra... sólo con el ánimo de saber que el Reino se expande porque Jesús ha sido dado a conocer y a amar. Lo mismo Hermanas que en período de vacaciones vienen a prestar sus servicios a otras que han hecho camino años antes.

El compromiso comunitario de ofrecer la oración de la vida y del sufrimiento por el dolor y la conversión del hermano es una verdadera expresión de solidaridad y comunión cristiana con los otros. Un testimonio gozoso y alegre de la propia vocación y fraternidad que se hace palpable a pesar del dolor y la enfermedad.