Colegio Bello

INSTITUCIÓN EDUCATIVA SUAREZ DE LA PRESENTACION

BelloBello es una población importante del Valle de Aburrá, simultáneamente sector del Área Metropolitana, tiene una historia de tres siglos, por sus primitivos pobladores, indígenas de familias distintas: de Niquía, de Aná, de Aburrá.

Las gentes de Hato Viejo ya aparecen con descendencia de los conquistadores que llegaron cuando Gaspar de Rodas y Jerónimo Luís Tejelo y con la geografía que tanto para los hatos de Niquía como los de Hato Nuevo, al norte vecino dieron nombre a los primeros dueños y vecinos de la ciudad.

Paralela al río y en amplio recodo de las montañas que lo abrigan al occidente, regulando sus vientos y rayos del sol, está la ciudad de Bello, nombre que adoptaron en el siglo pasado por insinuación de personas importantes que juzgaron que podían y debían hacer diferencia entre una tierra habitada por reses, y hatos y una tierra habitada por personas con una ya experimentada estructura cívica. El célebre Don Andrés Bello les dio su apellido, si esto hubiera sucedido en otra época, se llamaría “Suárez”, por el más grande de sus hijos, Don Marco Fidel Suárez, filólogo y Presidente de la República en 1919.

Los orígenes no se detienen. Hoy día, Bello es una ciudad resultante de la emigración, con causas sociales como el empleo, la proximidad de Medellín, los desplazamientos campesinos y la evasión de la violencia, que han configurado esta patria chica, que crece con los días.

Muestra de ello es un templo antiguo al oriente de la plaza y otro nuevo, de apenas cincuenta años, al occidente de la misma. Este templo contiene una increíble riqueza, en él, todo es mármol, del piso al techo; la decoración es exuberante como ninguna y casi barroca, tanta profusión de flores y guirnaldas, permanece abierta a la admiración.

Los vitrales son suntuosos, en ellos se recrea toda la historia de Dios con los hombres. Las imágenes no desdicen de sus nichos y marcos, y las pinturas del techo son realmente, “catequesis por lo alto”.

Fuera de estas señalizaciones y del modo de hacer su casa la gente de Bello, se advierte la cantidad de centros educativos, de obras sociales y servicios de caridad, los lugares de diversión pública y los puntos turísticos, entre ellos, la choza del señor Suárez, ubicada dentro de una urna de cristal, la biblioteca, las salas de arte y para la fe de sus numerosos habitantes, más de treinta y tres parroquias con sus respectivos templos, clero y culto.

No son ajenos los habitantes de Bello a todas las expresiones artísticas, deportivas, políticas, artesanales, en fin, podría decirse que todo lo que se estila en el mundo a pequeña escala, se usa allí.

Puede decirse que en el Colegio Suárez de la Presentación, la historia circundante al influir en todos sus estamentos sociales, lo ha marcado particularmente. Para 1979, la sociedad civil que se mueve en torno, es fuertemente proletaria; los centros de trabajo y su estructura política, social y económica, advierten que aún hoy condicionan la educación y la escolaridad.

A esto se añade el hecho propiamente cultural, familiar, religioso y moral. Lo que en una palabra llamamos “la moda”, ésta no viene ya inspirada en revistas o figurines de actualidad, las alumnas son retrato viviente del mundo que avanza en el final del siglo XX.

Desde 1977, ya se tiene académicamente otra estructura. El bachillerato completo y como consecuencia, la indicación de la revisada y permanente filosofía y proyecto de educación pública. En este año como directora del Colegio, la Hermana Celina Zapata Giraldo obtuvo del gobierno nacional la aprobación correspondiente, previa visita de los inspectores oficiales.

Hermana Nora Inés Fonnegra G., asume la dirección del Colegio y simultáneamente es la superiora de la comunidad hasta 1982. En ese año, para los dos cargos de superiora y rectora llega Hermana Fabiola Callejas B. A partir de 1995, el aspecto directivo cambia en la casa, Hermana Margarita de la Encarnación es la superiora de la comunidad y Hna. Fabiola Callejas B. es la rectora del Colegio.

En este momento aparece la conveniencia de mirar experiencias comunitarias muy dicientes para la vida de la Provincia: No es posible que todo sea debido a una motivación vocacional imprevista, porque la historia humana tiene muchos parámetros; en primer lugar se cuenta con la exigente práctica de la observancia comunitaria y también con la dotación personal, su estructuración en la fe y el cambio social. El aspecto interno se vive en el ámbito estrictamente comunitario sobre el que además vierten sus influencias los cauces de la formación y el eje de la obediencia - gobierno.

Las notas consignadas en los libros de historia de la comunidad, dan cuenta de una realidad de vida en comunidad en la que se comparten alegrías y fiestas, con regalos, comida especial, Eucaristía, visitas, invitaciones, progresos del Colegio, participación en los actos de la Provincia, orientaciones de la Congregación, la llegada de cada hermana a la casa y su traslado a otra comunidad... La muerte, pues también la vivimos en comunidad a fines de 1997, con la partida de Hermana María Olivia Alzate Madrid, quien relativamente joven pasó a la eternidad, consumida por un doloroso cáncer en los huesos; fuimos testigos de la gracia especial que preparó su encuentro definitivo con el Señor.

Verdaderamente, nuestra existencia bajo la misericordia divina, consume en un acto todas sus imperfecciones, ante los brazos abiertos del Padre que sólo espera una “hija”. En 1999, con un tránsito inesperado, doloroso y rápido, Hna. Olga Santamaría, encara la enfermedad que hora tras hora muestra su definitiva gravedad, hasta producirse el desenlace fatal y su ingreso a la Casa del Padre, quien la supo esperar con la ternura y la misericordia del Dios que sólo sabe amar.

Y ahora, cuando se habla de fiestas, no son memoria solamente, sino comprobación de que las más gratas expresiones se llevan en las celebraciones de la Virgen María y de Nuestra Fundadora Marie Poussepin. Qué afortunada es esta comunidad, cuando para el acto de la Beatificación fueron presentes y participantes, dos hermanas: Olga Santamaría e Inés Ochoa.

Siempre esperando que el espíritu de la Madre Fundadora haga buen surco de identidad en la Congregación, en cada hermana, casi podríamos decir que en cada comunidad vivimos de “revisión” y de “proyecto”. Además quería advertir, que no siendo todo gloria, no nos han faltado momentos difíciles, los propios de la edad, del carácter, de las diferencias, de la generosidad, de las circunstancias o de la Fe.

Una reflexión muy importante: A la comunidad del Colegio Suárez de la Presentación, se le ha confiado la educación; en este campo, como en el de la visión comunitaria, se advierte una gradación en las actividades y sus motivaciones, los recursos, la funcionalidad académica y los programas del Proyecto Educativo Institucional.

El “hoy” nos queda pendiente para responsabilizarnos y provocar en este mundo juvenil los efectos que tiene que producir la vida eterna, perfilándose ya en la cristificación, dignificación, valoración y realización de las alumnas, como material sagrado encomendado a nuestra misión.

En esta línea educativa se programan muchas actividades especializadas; las alumnas participan de sesiones importantes que se programan con el alumnado de la Provincia. En estos veinte años se han llevado a cabo congresos, seminarios y encuentros, igualmente, la adaptación a la pastoral juvenil y vocacional; es decir, que aquellos eventos comunitarios, o arquidiocesanos con criterios de formación, no son ajenos a la participación de las niñas.

En diferentes ocasiones, algunos grupos de alumnas se preparan para recibir en el Colegio, el Sacramento de la Confirmación.

La interacción de los miembros constituyentes de la “comunidad educativa” ya es una cierta estructura teóricamente, con propias responsabilidades cada una de ellas, pues el peso principal lo tiene la Comunidad; eso sí, el grupo central “maestros”, a lo largo de estos años es una realidad comprobada. Los profesores laicos marchan con los mismos criterios de la Educación Católica y aún se inspiran como nosotras en la sencilla pedagogía de Marie Poussepin.

El Colegio va aumentando año por año su personal; de unas 700 alumnas en los años 70, llega a 1.300 en el año 95. Hoy día, ha disminuido hasta casi 800. Por qué motivo? La adecuación pedagógica no es estrecha para los logros. En 1981, la Provincia emprende la construcción de un edificio de dos pisos, para tres aulas más, servicios sanitarios, adecuación de oficinas, salón de profesores, cafetería y otras dependencias. Precisamente en el 97 se terminó la construcción de otra etapa del Colegio, con cuatro grandes salones de clase.

Comienza a mirarse las posibilidades de adecuar la vieja casa, cuna del Colegio, para la habitación completa de las Hermanas; de hecho, ha sido así y hoy la Comunidad goza de la paz de este recinto adjunto al edificio del Colegio y grato no sólo por la proximidad sino porque es una verdadera “CASA” como lo fueron antes nuestras viviendas antioqueñas.

Hasta ahora nada se ha dicho con respecto a las relaciones pastorales ad - extra del Colegio. De una parte las sociales, son sencillas, cualificadas, pero no expresivas ni amplias.

Con el sector oficial, el Colegio se siente reconocido, apreciado y exento de necesidades que puedan estorbar en la función del mismo. Vivimos todas las vicisitudes de los centros educativos con relación a las legislaciones correspondientes. Las relaciones con la Parroquia no son amplias, ni siquiera estrictamente personales y pastorales. De ambas partes hay respeto, amistad, sencillez y los servicios posibles. Es además, cuestión de nuevos tiempos.

La tarea educativa en estos años con la doctrina eclesial, se ha orientado hacia la funcionalidad del “Colegio en Pastoral”. Esta afirmación, no queda encerrada en los muros del Colegio. Pero siendo la educación, obra esencialmente humana, cristiana y católica, cuán deseable sería ver la interacción que muchas veces descubrimos en las aspiraciones de Su Santidad Juan Pablo II: “La Escuela Católica, es la cátedra de la proclamación del Evangelio”.

En el Colegio de la Presentación, las matrículas y egresos varían con los años. Los primeros tiempos escolares fueron marcados por la demanda de cupos, pero gracias a la respuesta de los sacerdotes de la Parroquia acertaron sabiamente a las necesidades reales del medio.

Los centros industriales eran ya fuertes y laboralmente sostenían la economía de las familias, Fabricato y el Ferrocarril de Antioquia ofrecían empleo, no sólo para los habitantes de Bello, sino también para emigrados de varios lugares del departamento, con los cuales se dio comienzo a la integración cosmopolita. Las familias por tanto, provocaron esta necesidad cultural y el Colegio, único entonces en la ciudad, se abrió con una pequeña comunidad de cuatro hermanas y con Hermana Inés del Sagrado Corazón como superiora.

La casa que hoy ocupa la Comunidad ya había sido tomada por las hermanas, que por cuenta de Fabricato atendían la obra nueva del Patronato de Obreras desde 1933.

En 1936 ya funcionan en el Colegio tres clases: infantil, media y superior con Hermanas Rita Inés, Rita de la Pasión y San Teófilo, Hna. Isidora para la Ropería, Carlina de la Cruz para la despensa. La Superiora, la Hermana Inés del Sagrado Corazón; semejando así, la siembra de un jardín, que en cada cosecha, ofrece flores y frutos. Esta forma pedagógica con la que se inicia el Colegio, no tiene nombre, pero la orientación es claramente programada para el comercio o forma de trabajo de alguna manera especializado.

Más tarde, la educación oficial determinó dos grados con una sencilla profesionalización. El Colegio gradúa entonces alumnas en “Experto en Comercio”; en la década del 70 la Provincia emprendió una revisión de los Colegios en función de las condiciones laborales y sociales del medio. Se coordinaron todos los pasos para la “Integración”, ésta comprendía la fusión de los últimos grados de Bachillerato del Colegio del Centro de Medellín, La América, Envigado y Bello.

Culturalmente, los destinatarios de la educación en el colegio son, a través de la “Comunidad Educativa” varios estamentos; de común tienen toda la referencia al Colegio, desde su sitio. Con los profesores existe verdadera integración en el sentido de pertenencia y profesionalismo; con los padres de familia, la correspondiente tensión, no de principios, sino más bien en lo que se refiere a cuestiones económicas, aunque en verdad, la junta de padres de familia marcha al ritmo de las directivas. El sector de la administración, lo mismo que el del trabajo, se compenetran seriamente con sus tareas en el Colegio y en todos hay armonía.

Las alumnas, son el objeto y justificación de la presencia de la comunidad. Las niñas son, miembros de un grupo familiar problemático en general, adolescentes aleccionadas por la cultura del tiempo, llena de ambigüedades en las convicciones religiosas, morales, sociales y muy marcadas por las fallas familiares. Eso sí, tienen buena respuesta, son pocas las niñas de quienes se pueda decir “indeseables”.

La actitud pues, de las hermanas en este Colegio, hace parte de la propuesta misionera de la obra de Marie Poussepin. Si se mira el pequeño mundo en que vive esta Comunidad, se halla que, a su manera, está ocupando su lugar en este mundo conflictivo, bullicioso, individualista e irreverente que clasifica la juventud moderna, más aún, un pequeño mundo en que la adolescencia y la juventud experimentan actitudes agresivas, irreligiosas y sectarias.

Este mundo es campo de misión y requiere su nuevo areópago. En la doctrina de la Iglesia, esta acción educadora de la fe, “vigilante de la gracia bautismal”, en las intenciones de Marie Poussepin, en las niñas, detiene en esta observación su perspectiva misionera... Hay misión para muchos años, mientras llegan tiempos mejores o se apresuran con la cátedra evangélica de la educación.

Desde luego la perspectiva misionera se interpreta y se adopta en los niveles superiores de la Provincia; constantemente los medios de comunicación, las tribunas políticas, los cuadros de gobierno democrático, están subrayando como prioridades sociales, dos líneas: salud y educación. La respuesta misionera, encuentra allí lugares comunes de acción y desarrollo válidos para la fe y la cultura.

Nuestra misión ya no consiste en “descubrir la América” sino en participar con humildad en la solidaridad que promueve la Iglesia, en cuyo nombre se predica y atestigua el Evangelio, la atención a los signos es a la vez, una previsión que no exige aprovisionamientos materiales sino la lectura contemplativa de la Comunidad y de cada Hermana.


Hasta 2012 eran dos Instituciones y dos Comunidades, a partir de este momento se fusionan las Comunidades pero continúan funcionando como Primaria y Secundaria y en 2016 se fusionan teniendo como sede el colegio del bachillerato.

Mantenemos las dos reseñas provisionalmente.


En la misma progresión del desarrollo del municipio y de sus gentes, nacen las necesidades de más urgente atención como son la educación y la salud. El 19 de mayo de 1935, se funda el Patronato Marie Poussepin, que debía dedicar toda su capacidad para servir a las obreras que manifestaban gran necesidad de acogida y formación. Ante las dificultades de consolidación de la obra, cede para propiciar el nacimiento de otra, dedicada a la educación de las niñas y las jóvenes del lugar. Transcurría entonces, 1936.

La demanda de educación se clarifica porque el municipio crece rápidamente y así lo entiende la Congregación que estudia la mejor forma de dar respuesta a la realidad Bellanita. Decide construir un moderno y cómodo edificio que abre sus puertas el 12 de febrero de 1956. A la solemne bendición acude Mère Felix Joseph, Superiora Provincial y se da inicio así a una obra para el bien común.

Desde entonces el reconocimiento de las gentes y la calidad de la enseñanza hacen que la Concentración Escolar sea, con el paso de los años, el centro de educación preferido por miles de familias de este promovido municipio del Valle de Aburrá.

En 1981, la Comunidad celebra sus bodas de plata y entre reconocimientos y condecoraciones, sólo se piensa en encontrar formas nuevas para entregar el servicio de caridad convertido en notas pedagógicas que abren las puertas del saber a tantas niñas y familias.

En 1982 se inauguran los preescolares, al tiempo que la Comunidad prepara a algunas Hermanas con estudios concretos para formar a las pequeñas estudiantes con la pedagogía más adecuada, así responde también a los nuevos requerimientos del Estado con sus leyes de educación.

Los grupos artísticos garantizan que en el establecimiento se brinde una adecuada formación lúdica y cultural, al tiempo que garantizan la participación alegre y distinguida en los diferentes eventos que se realizan en el municipio y fuera de él. La Comunidad ha sabido responder a los exigentes requerimientos de la primera formación de este millar de niñas, que buscan en su colegio, una cualificada formación integral.

Las Hermanas, están atentas a la siempre viva lección de Marie Poussepin: “Buscar sembrar en los corazones, aún tiernos de estas pequeñas el amor y respeto por las cosas de Dios”. Los Sacramentos de iniciación tienen en la Institución un lugar de privilegio, lo mismo vale decirse para la vida cristiana en general.

La Comunidad ha cuidado siempre que la dotación del colegio sea la más adecuada para este servicio pedagógico, es por eso que envía allí, a las Hermanas capaces de hacer vida el carisma de la Fundadora, en medio de las gentes ávidas de Evangelio y formación, quienes llegan al colegio para establecer una relación que les hace ser mejores personas, mejores hijas de Dios.