COLONIA DE BELENCITO

La Colonia de Belencito, inicia su funcionamiento desde el siglo pasado y las Hermanas llegan sólo en 1901 para entregar lo mejor de la caridad misericordiosa al elevado número de ancianos y ancianas que llegan allí para vivir dignamente los últimos años de sus vidas.

El proyecto que las Hermanas comenzaron a realizar desde el mismo momento de su llegada tiene aún, vigencia hoy, tomemos aquí algunos elementos de los que es realización y prospectiva:

  • Acercarse con misericordia al, anciano para atender sus necesidades, angustias e inseguridades.
  • Concienciar e incentivar a los empleados para que este trabajo sea un verdadero servicio de caridad y una amplia misión de Iglesia.
  • Poner todo el empeño para realizar el deber con alegría y abnegación.
  • Hacer que el trato con los ancianos sea digno y respetuoso, escuchándolos con atención y dando a sus preocupaciones la importancia que merecen.
  • Ayudarles a descubrir y asumir el sentido cristiano de su enfermedad y las limitaciones de su ancianidad.
  • Preparar y celebrar con ellos las celebraciones litúrgicas y sociales que más les interesan.

En los últimos veinte años, se ha intensificado la ERGOTERAPIA que favorece la salud mental y les permite ganar algún dinero para invertir en sus necesidades personales. En este aspecto las Hermanas han hecho acopio de creatividad para dar novedad a los diversos trabajos que provienen de la pequeña y mediana industria y constituye un aporte invaluable para la Institución.

El taller, la lavandería y ropería, el economato y la cocina, la sacristía y la farmacia, han recibido el impulso de las Hermanas en el afán de dar lo mejor para el bienestar de los ancianos y las ancianas.

En 1979, se inicia un programa de ayuda de las Damas Voluntarias en la Colonia. Este mismo año se celebran los 80 años de existencia de la Institución y la Comunidad de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación reciben la condecoración “Medalla al Mérito”, otorgada por la Alcaldía de Medellín.

Al cumplir los noventa años, en 1989, otra condecoración se suma a los reconocimientos de la labor de las Hermanas en la Colonia.

En 1982, entre las diferentes experiencias del servicio de caridad se da también la expresión de la Pastoral Vocacional a través del testimonio de las Hermanas que en su despiertan en la Consagración tienen la oportunidad de manifestar a las gentes de esta obra misionera su compromiso con el Señor en la Congregación, hacen su renovación de votos y se preparan paulatinamente para refrendar su compromiso perpetuo un día en la Presentación.

Otro de los compromisos importantes es el propiciar que algunas Postulantes y Novicias de la Congregación, puedan hacer en la Colonia su experiencia de formación en el campo de la misión y la fraternidad más explícita de una comunidad local.

Corresponde a Hna. Luz Emilia Hernández, hacer realidad el proyecto que separa a la Comunidad de la Administración, situación que tuvo un largo proceso de evolución y que finalmente en 1988 se concretiza.

En el AÑO INTERNACIONAL DEL ANCIANO, se incrementan actividades y servicios que liderados por las Hermanas llevaron, sin duda, alegría y bienestar a todos los que viven de manera definitiva en la Colonia.

Los años pasan al servicio de los más necesitados en un ejercicio constante de caridad que deja impresa la huella del amor desinteresado en muchos ancianos, en asistentes, en empleados y familias de los Internos... es un sentimiento común de gratitud con la Hermana San Juvenal, que se ha gastado con alegría, por la causa de los ancianos desamparados y más pobres de la sociedad.

El difícil servicio de la alimentación para los ancianos, que fluctúan siempre alrededor de los 600, es administrado por una Hermana hasta 1998, pasa ahora a una compañía especializada en este servicio para grandes instituciones.

Cuando la formación de los servidores de la salud se hace cada vez más específica, la Colonia de Belencito recibe su positivo influjo a través de Geriatras y Gerontólogos, entre ellos, una Hermana presta sus servicios profesionales en este aspecto.

Las dificultades no han sido extrañas a la vida de Comunidad en la Institución, pero aún así su alegría y disponibilidad no menguan. En julio de 1997, las Hermanas van a ocupar una casa que les permite vivir un poco más alejadas de la dura y constante realidad de los ancianos, pero siempre cercanas a ellos.

En el corazón de cada Hermana de la Presentación palpita la maestra y la enfermera; por eso ante la evidencia de tantos pacientes de la Institución que no saben leer ni escribir, nace la escuelita como respuesta oportuna para la necesidad de aprender que los años no pueden borrar. Hna. Ana Rita Rivera, se ingenia la manera para adquirir los elementos necesarios y convoca a quienes quieran hacer el esfuerzo... no importa la edad! 25 hombres y mujeres, le apuestan a la superación y denominan su Escuela “CRECER”, porque están convencidos de que nunca es tarde para lograrlo.

Hna. Ana Rita muere el 17 de abril de 2003 y de ella recordarán tanto los ancianos como el personal que desarrolla su trabajo en Belencito, su entrega y la seguridad de que “la vida es un camino y el caminar deja huellas de Dios cuando se sabe amar”, como ella misma lo afirmaba.

Esta obra se inscribe en la prospectiva de la Providencia y tiene su garante en la Comunidad que vive día a día haciendo realidad el Carisma de la Caridad de la Bienaventurada Marie Poussepin.