Apartadó

APARTADO

ApartadoEl Urabá antioqueño es el más importante polo de desarrollo del departamento, tanto por su fertilidad como por la capacidad de trabajo de sus gentes... Es la primera ciudad de la región, su riqueza está basada en el cultivo del banano y del plátano.

En 1907 existía un pequeño caserío “Pueblo Quemado”, del cual no se conoce su historia, sólo que en 1949 fue desalojado e incendiado; es ahí en donde nace Apartadó, reconocido el 1° de enero de 1968, como Municipio derivado de Turbo.

La tierra inhóspita, con grandes lagunas y altos árboles constituían el sombrío caserío, pero cuando se dio paso a la venta de lotes de terreno a bajos precios, el paisaje cambió y la situación despertó el interés de gran cantidad de colonos que llegaron allí para establecerse definitivamente; entre sus habitantes se encuentran desde 1950, alemanes, holandeses y norteamericanos que visualizaron las amplias perspectivas del lugar y vinieron a explotar su riqueza y a vivir con los Tules, los Emberá y los Zenúes, quienes a su vez, ante la crecida presencia de los nuevos moradores, abandonaron el “centro” para situarse en las riveras de los ríos y en las montañas más alejadas.

Rápidamente crece el número de los habitantes, porque son muchos los que buscan una mejor manera de vivir, situación que le da al Municipio características bien propias, ya por su diversidad cultural, ya por los intereses que los animan para venir a la región; de todas maneras hay una identidad que se comienza a gestar y a adquirir expresiones propias.

El Río León, las aguas del Zungo Vijagual y Apartadó, hacen del lugar un territorio cenagoso, con temperatura media de 27 grados centígrados, su altura sobre el nivel del mar es apenas de 20 metros, ocupa 670 kilómetros cuadrados y sus 90 mil habitantes cuentan con buenos medios de comunicación y transporte terrestre y aéreo.

Sólo 38 años después de fundado el Municipio, Monseñor Isaías Duarte Cansino, llega al lugar para ocuparse del pueblo católico de esta naciente Diócesis y casi de inmediato pide a la Congregación, Hermanas para trabajar en la dispendiosa tarea de la Evangelización.

El 1° de febrero de 1989 llegan Hermana Rosalba Martínez Pineda y Hermana Romelia Castrillón Mosquera, que asignadas a la Comunidad de San Pedro de Urabá, son miembros del Equipo de Pastoral Diocesano y habitan en la Casa Episcopal, compartiendo en verdadera vida comunitaria con su Obispo. Desde ese momento, y después de cambiar de residencia, las Hermanas siempre han trabajado en los programas de la Diócesis, aún desplazándose a otros municipios de la zona de Urabá.

El 20 de julio de 1989 se obtiene el decreto de fundación de la Comunidad local de Apartadó, las Hermanas comienzan a vivir en una casa alquilada, ubicada en el Barrio Vélez y de propiedad del Padre Javier Montoya. En 1995 se inaugura la casa construida por la Provincia y situada en el Barrio La Chinita, es una propiedad amplia que les da a las Hermanas una nueva y significativa misión: ser acogida para las Hermanas de la región que van de paso por Apartadó o son convocadas por la Provincia para cualquier evento, así, la Comunidad y su acogedora casa se convierten en centro para todas.

La misión de la Comunidad es bien diversa: la formación de animadores de Comunidad es un novedoso programa que integra educación y pastoral, teniendo en cuenta la realidad del destinatario de la misión que llega a convertirse en líder de la promoción y el desarrollo de sus conciudadanos, al tiempo que recibe su reconocimiento como Bachiller. Es admirable el número de personas promovidas en este programa, unos mil doscientos animadores de comunidad. Una Hermana responde por este programa con un equipo de trabajo bien consciente de su importante labor.

La Pastoral de la salud tiene una amplia cobertura, pues no circunscribe su servicio de caridad a la población de Apartadó, Hermana Patricia Londoño participó por varios años en este aporte a la curación o prevención de la enfermedad, especialmente para los más pobres, encontrándolos en su lugar de habitación y esto significaba traspasar las fronteras del municipio. Esta experiencia se vio obligada a cambiar por las exigencias y ofertas de la ley 100. Otra de las Hermanas pone en marcha el Proyecto de Pastoral de la Salud y en 1994 llega a organizarse como Fundación Diocesana para la Salud.

El SAT (Sistema de Aprendizaje Tutorial) es otra forma de aprovechar la experiencia mientras se trabaja y estudia. Este programa nace en 1992 con la Hermana Imelda Aristizábal y hasta hoy lo dirige una Hermana de la Presentación, siempre haciendo posible que más personas se capaciten para hacer el bien entre sus conciudadanos.

La violencia que parece arraigarse cada vez más en la Patria, es sin embargo motivo de nuevas búsquedas y propuestas para hacer realidad el ardor de un servicio de caridad que siembra y cultiva en estas gentes el carisma de Marie Poussepin.

Cuando las masacres se suceden sin piedad, las viudas y los huérfanos se multiplican aceleradamente y es el momento oportuno para que la Iglesia tome conciencia de su papel ante el drama del hombre que queda sumido en el dolor por la muerte de sus seres más queridos, por la confrontación indiscriminada de la Guerrilla, los Paramilitares y los Militares. Es pues el momento oportuno para que la creatividad exprese que el hombre es el centro y con audacia busque respuestas que vayan más allá del consuelo y permitan sino recuperarse totalmente, al menos encontrar parte de lo que antes se constituía en la fuente de su supervivencia o al menos que la misericordia les ofrezca una posibilidad que aliente la esperanza y llene otra vez el corazón con el deseo de vivir.

Así nace COMPARTIR, una misión que no teme el riesgo aún de la propia vida para tratar de salvar la de otros, la de los más pobres, la vida de los marcados por el dolor y la pena; les propone no una limosna que se termina, sino una forma de ganar con su propio esfuerzo la vida, el sustento. De los países que han ayudado a la Institución sobresale España que ha reconocido su labor no sólo con condecoraciones sino con significativas donaciones.

Desde el primer momento de su fundación Monseñor Isaías Duarte Cansino, entonces Obispo de Apartadó, y Hermana María Carolina Agudelo dieron vida propia a este proyecto que a las puertas del 2000, parecía multiplicar el pan, descubría nuevas técnicas para generar empleo y lo más importante sanaba el corazón para vivir perdonando o al menos, tratando de hacerlo.

La Comunidad de Apartadó está abierta al cambio, atenta a los retos que provienen de la realidad vivida por la región, donde la humanización del servicio de salud es una prioridad y en donde se es consciente que los proyectos de formación de líderes se debe reforzar.