San Miguel del Rosario

LA HISTORIA

El Colegio San Miguel del Rosario, segundo colegio en el departamento del Atlántico, nació como iniciativa del Padre Carlos Valiente, buscando contrarrestar la obra de una misión protestante en Barranquilla, que fundó la primera institución educativa de esta naturaleza en la ciudad, llamado Colegio Americano.

El Padre Valiente dirigía la Sociedad del Culto Católico, formado por un selecto grupo de la clase alta Barranquillera, dicha sociedad adquirió un predio cercano a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario y el 6 de abril de 1821, (celebración del día de Barranquilla) se colocó la primera piedra para la edificación del colegio, días más tarde se daría comienzo a su construcción.                                                                                                                                                                      

Más tarde, la Señorita Carmen Villa, nacida en Mompós, insigne benefactora de la obra comenzada, sugirió para el futuro plantel el nombre de "San Miguel", Santo de su devoción y el Padre Valiente le añadió el apelativo “del Rosario”, por la cercanía  a la Iglesia del Rosario. Fue de esta manera como decidieron llamarle COLEGIO SAN MIGUEL DEL ROSARIO.

Ante los ruegos del Padre Valiente, la Madre Saint Víctor,  Superiora Provincial, facilitó el envío de personal de Hermanas para la dirección y enseñanza en el nuevo establecimiento.

 

EL INICIO DE  LA EVANGELIZACIÓN

El 22 de marzo de 1892, las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación, toman  posesión  de la obra educativa designando a la Madre Hélène, de nacionalidad francesa,  directora y superiora hasta 1918, ella junto a las Hermanas  Ana Genoveva, Irene, Dionisia y Norberta, inició labores con un grupo de 50 niñas en la sección primaria. El Colegio también acogió niños,  funcionando además con dos secciones: una gratuita con el nombre de “El Rosario” y otra pensionada con el nombre de “Presentación”.

Tanto la vida escolar como la comunitaria evolucionan siempre a favor de la formación de la mujer barranquillera, ese era, por decir así, el reconocimiento que hacía la prensa escrita en 1982 cuando el colegio celebrara sus 90 años de existencia.

Como sólo una parte del edificio estaba construida, la Superiora adquirió un nuevo lote; la planta física de dicha Institución fue ampliada entre los años 1894 y 1899. La Madre Hélène dirigió el colegio por espacio de 26 años, logrando el aprecio de todas las personas que la conocieron.  Por muchos años el local perteneció a la Diócesis y sólo en 1933 vino a ser propiedad de la Comunidad.

El Colegio, gracias al esfuerzo sostenido de las Hermanas y del personal docente, recibe en 1989, por Resolución número 156, la aprobación que garantiza la gestión educativa hasta después del año 2000.

 

“CIEN AÑOS SEMBRANDO VIRTUD”

Es el lema que se repetirá por muchos años y es la nota que permitirá recordar el ayer (1892), si volvemos atrás, el servicio de caridad en educación tiene un presente serio que requiere de la cualificación constante, por eso puede celebrar con notas alegres el 22 de marzo de 1992, tan significativa centuria.

En este importante momento integraban la Comunidad local un puñado de Hermanas que hacían presente a la Congregación y a la Iglesia en una sociedad cada vez más necesitada de razones y propuestas para ser artífices de la paz en medio de una realidad confusa. Hizo marco a esta celebración, los 500 años de evangelización de América, un motivo más para implicarse en un movimiento de concienciación y en una oportunidad para renovar el anuncio del Evangelio en Barranquilla.

1994 estuvo marcado por la gracia de la Beatificación de nuestra Madre Fundadora, Marie Poussepin, tiempo de inmensa alegría y renovación. La celebración de este magno acontecimiento permitió demostrar el amor a la nueva Beata y el aprecio a la Comunidad que por largos cien años sigue rigiendo los destinos de este centro educativo.

Con un alumnado que oscila siempre entre las 700 y 800 jóvenes, el colegio se interesa por brindar  la mejor formación integral, buscando siempre, innovar su pedagogía y aprovechando muy bien el alto grado de pertenencia que manifiesta el personal docente y la integración con las Hermanas, redundando así en las alumnas y produciendo en ellas un interés que sumado a la natural simpatía, asegura la adhesión a las propuestas del colegio, porque realmente se sienten miembros de la Comunidad Educativa.

La proyección pastoral del Colegio San Miguel del Rosario, ha sido bien significativa en estos 108 años de labor educativa:  los grupos juveniles y de catequistas, el trabajo en barrios marginados, la participación en las actividades pastorales de la Parroquia, el  trabajo coordinado con las exalumnas y las jornadas misioneras  en los tiempos fuertes de la liturgia,  son la expresión de un Carisma vivo, vigente en una Iglesia que se quiere renovar en si misma y comprometer con la realidad que sirve. En el Colegio, la Infancia Misionera tiene una actividad especialmente significativa.

La cultura y el deporte como expresiones de la vida que bulle al interior del Colegio, son constantemente motivados por la Comunidad, para mantener su dinamismo y su alto sentido de solidaridad y alegría.  Es así como la Presentación, a través del tiempo siembra el Reino con la audacia del Profeta, en medio de la sencillez, en una sociedad cada vez más determinada por la pos modernidad con todas sus secuelas de superficialidad e inmediatismo.

SANMIGUEL