SAINVILLE-CRESPO

UN PARAÍSO DE ACOGIDA

Crespo CartagenaCartagena y su mar constituyen para los colombianos una fuente de belleza y de turismo, y para cada Hermana de la Presentación enviada a esta bella ciudad es el lugar apropiado para disfrutar su extraordinario paisaje y alabar al Señor, dueño de la creación.

La casa ha servido de lugar de descanso y encuentro para hermanas y alumnas desde 1954, 33 años más tarde la Congregación decide fundar una Comunidad que sirva de acogida y cumpla en el sector una misión pastoral polivalente. El 26 de enero llegan las Hermanas para conformar la fraternidad de Sainville, es decir, una comunidad sin Superiora, pero en estrecha relación con la Superiora Provincial y su Consejo. Monseñor Rubén Isaza, en su calidad de Pastor, expide el Decreto que establece canónicamente la Comunidad el 12 de febrero de 1972.

Las Hermanas trabajan en el Bienestar Social de la Policía, en la Normal Piloto de Cartagena, en la Obra Social de la Parroquia y en la administración de la casa; con el tiempo, ésta se abre a convivencias, retiros y jornadas de descanso que demandan de las Hermanas mayor dedicación.

Inicialmente, sólo las Hermanas disfrutaban de las posibilidades que brindaba la casa, familiarmente llamada “Crespo”, haciendo alusión al barrio en donde está situada; poco a poco la acogida se brindó a los Colegios, tanto para retiros y encuentros con alumnas como con los profesores, también se abrió a las Religiosas de otras Congregaciones, a Obispos y Sacerdotes y en los últimos tiempos a familias que quieren descansar en la paz que el lugar regala.

De la construcción original quedan pocos elementos, cada vez se organiza mejor algún sector de la casa, buscando siempre favorecer el espíritu de fraternidad, alegría y generosidad que caracteriza la obra, permitiendo a los visitantes disfrutar de buenos tiempos de oración, silencio, escucha y gozo de la paz en el Señor a través de la belleza de sus obras.

Sainville, también ha sido testigo mudo de momentos de honda pena, como la muerte de Hermana Soledad, que viene desde Magangué para participar de un encuentro de Pastoral Vocacional y en las aguas de mar halla el momento definitivo de su encuentro con el Señor.

“Una casa cómoda”, eso quiso Marie Poussepin para las Hermanas, lugar para el encuentro y el compartir, para la acogida y el anuncio desde el testimonio de la vida. Se inicia la remodelación de la casa para ofrecer servicios más acordes a las exigencias y necesidades del nuevo siglo.

El salón de reuniones, el dormitorio que ocupan con frecuencia, las personas que buscan allí lugar para sus reflexiones y días de convivencia, la Capilla, la cocina y el dormitorio de las Hermanas, tienen una nueva imagen gracias a las obras realizadas que concluyeron en agosto del 2003.